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jueves, 18 de mayo de 2017

Ich vermisse dich

Estoy escribiendo esto como grito mudo
a oídos sordos. Simplemente porque lo siento
porque lo creo y porque a pesar de todo
sigo aprendiendo.
No sé muy bien si hay que decir te echo de menos
si lo necesitas o si de verdad te vas a sentir más
liberado sabiendo que estás haciendo las cosas
lo mejor que puedes.
Me negué más de una vez que tú ya no,
incluso también que me volvías a pasar
y a pisar mientras acurrucada en mis miedos
seguía sosteniendo los tuyos
y tú buscando tablas en otros mares
que te acariciaban el pelo mientras
yo sola temblaba de frío porque estabas lejos.
Sentí irá por no reconocerme delante del espejo
por sentirme vulnerable delante de ti
aun sabiendo que no era cierto
que no eramos, que solo pasábamos de paso
por probar, quizás, a cruzar con el semáforo en rojo.
Hasta quemarnos.
No conociste nunca la sinceridad y también fui víctima
y verdugo y joder, vaya mierda ver la obra desde ambos lados.
No voy a ponerme limites y olvidaré
todas y cada una de las barreras
que tú le pusiste a mis ganas
y a la unión entre nuestras manos.
Olvidaré lo que no supiste contarme
ni valorarme y haré caso a quien no quiere olvidarme
haciendo de tripas más tripas
con mi corazón tirado por las esquinas.
Qué triste ocultar en tu vida a alguien que le da luz,
qué triste lo del ombligo propio, lo de usar y tirar a mí no me va
qué triste tu disfraz de amor propio sin ser capaz de amar.
Estoy en la tristeza de color azul
negociando conmigo misma
que me están salvando otras pieles
que no son de cordero
y que lloran de verdad
y no lágrimas de cocodrilo.
Y por supuesto, claro que lo acepto.
Bienvenida a tu propio duelo.