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domingo, 16 de abril de 2017

"Niña voladora"

Suena algo, algo dentro de mí llama cada vez más fuerte,
sí, es la niña interior que llevo dentro, está llorando
y necesita que le besen las rodillas.
Tengo un nudo en la garganta
y estoy en medio de la selva
en una noche fría. Perdida.

Tengo un nudo en la garganta
porque la niña que fui ya no baila
la niña que se tiraba por el tobogán
sin pensarlo ahora va con pies de plomo
que queman, que arden, que dejan la ceniza en los ojos.

Tengo un nudo en la garganta
viendo como la niña que hacia reír a todo el mundo
a pesar de haber tenido pesadillas,
ahora tiene las pupilas color cristal de tanto llorar
y la piel cansada de tanto desierto.
No sabes qué es la soledad hasta que no te invade
cada milímetro, sin salida.

El nudo no cae, no pasa, no se va
no desaparece y la niña que corría
en el parque y montaba en bici sin miedo
como el único camino para respirar
ahora cojea y da pasos en falso
cada vez que intenta avanzar.

A la niña que aprendió a escribir leyendo a Bécquer y Salinas
nadie le advirtió que la realidad dolería tan dentro, tan fuerte
como una patada que arrasa toda la marea.
Ahora esa chica no busca escribir si no es para encontrarse
en este abismo de tristeza, hablando conmigo misma, abrazándome.

Esa niña no buscó nunca la palabra exacta ni la frase perfecta
solo aprendió a vivir con el corazón en la mano, descubierto
y quizás por eso ahora más que latidos hay cicatrices.

La niña que veía las gotas de lluvia correr en el cristal
ahora las siente cayendo en la mejilla.
 ¿Cuál llegará antes?
¿tristeza o alegría?

Esa niña, esa niña que creció dando los abrazos
que ella misma fabricaba porque nadie se los daba
ahora solo quiere que la quieran.

No pido mucho.
Abrázame.
Del resto, como siempre me encargo yo,
siempre sobrevivo a la marea con el vuelo.